miércoles, 31 de octubre de 2012

Receta y contemplación


“Receta” viene del latín recepta: cosa recibida, herencia de nuestros mayores, regalo que la tradición pone, benévolamente, en nuestras manos. Una receta, pues, es un pequeño tesoro transmitido de padres a hijos o, más frecuentemente, de madres a hijas. Antes de recogerse en libros y blogs, las recetas de cocina se conservaban en la memoria viva de las madres. Sabores culinarios y recuerdos familiares se transmitían así fundidos y entremezclados. Saber y sabor, que son palabras con la misma etimología, compartían sus propiedades igual que su origen semántico.

Por eso las recetas, las auténticas y genuinas, merecen todo respeto. Es la actitud que advertimos en todos los profesionales de la cocina: gourmets, chefs, maitres y… amas de casa, las cuales son todo lo anterior y mucho más. Un respeto, una fidelidad a la tradición, que se conjuga curiosamente con otra actitud: un sano distanciamiento respecto a lo prescrito, un soberano despego frente a lo establecido. Emplear una receta no es seguirla al pie de la letra sino interpretarla. Se diría que en toda receta hay un ingrediente tácito que, aunque no esté escrito, resulta imprescindible incorporar al guiso: la libertad creativa del cocinero. Y cuando esto sucede —he aquí la paradoja—, entonces la receta cobra vida y cumple su fin; sólo entonces se es fiel a ella, y se la toma en serio; sólo entonces se convierte en cultura y pervive por generaciones.

Los buenos cocineros tienen experiencia de este feedback entre fidelidad y libertad, este intercambio dinámico entre lo uno y lo otro, y saben que es fuente de intenso gozo. Y lo es porque el distanciamiento creativo de que hablamos es, en el fondo, lo que la Filosofía y la Teoría del arte llaman contemplación. Cocinar, en efecto, es una actividad contemplativa, como tantas otras tareas domésticas, aunque no lo parezca. ¿Quién ha dicho que el arte sólo se encuentre en museos y galerías? Todo depende del amor que inspire nuestro trabajo y del temple ético de nuestros corazones.



1 comentario:

  1. Y como nos gusta volver probar,también cocinar esos platos de tradición familiar, cuantos recuerdos detrás de un sabor, un olor...En un momento nos trasladamos a nuestra infancia, nos puede llegar a reconfortar y llenar de alegría. Nadie hace unas croquetitas como las de mi madre...y la leche frita, no hay quien la supere... el secreto de sus recetas.¿Es el amor que ponen?

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