lunes, 17 de septiembre de 2012

Propósitos de septiembre: hogar,decoración y mantas



Que septiembre es época de propósitos, nadie lo duda, ni siquiera las editoriales que sacan en esta época del año innumerables colecciones de todo tipo.

Pero sí, es el momento en que decidimos hacer algún cambio o mejora en nuestra vida, y eso nos hace sentir con renovadas ilusiones. Algunos os matricularéis en alguna lengua extranjera, otros atacaréis duramente un gimnasio o, incluso, por qué no, un master online. Pero yo tuve la suerte de hablar con una amiga, de esas de las que ya no quedan, y me explicó sus propósitos de septiembre en un año que, después de muchos, se quedaba sin bebés en casa:




- “No aspiro a nada más que a hacer lo que ya hacía pero mejor: cocinar mejor, organizar la casa mejor…” me decía, y me encantó. 

Yo me subo a este tren de hacer lo que hacía, pero mejor: me propongo más platos de pescado, más postres deliciosos, más y mejor orden en el hogar, cuidar más mi imagen cuando estoy en casa (que al fin y al cabo es más del ochenta por ciento del tiempo que paso con los míos, y se merecen la mejor imagen en sus recuerdos), sonreír más y querer mejor.


Y os he contado todo esto, porque quiero hablar de mantas, “plaid”, o lo que mi hija Carmen definió con dos años como “tapadora”.


Un año después de mi boda, se casó esta amiga tan sabia de la que os he hablado, y coincidimos en cuál había sido uno de nuestros regalos favoritos de boda: la manta de los Avello. Una manta deliciosa en cuadros escoceses, que se convierte en la manzana de la discordia de mi sofá. Todos se quieren adueñar de ella. Con el tiempo, fueron viniendo más mantás a mi salón (una no nos llegaba), pero ninguna le quitó el puesto a ésta. Era el regalo que siempre hacía una estupenda familia donostiarra, los Avello, costumbre que, por cierto, mi familia adoptó. En definitiva, si nos invitáis a una boda, ya sabéis el regalo.



¿Acaso puede faltar en alguna casa? Para exterior o interior, para el sofá, en la butaca del rincón de lectura, a los pies de la cama. Más reconfortante que una taza caliente de lo que tu prefieras. Forma parte del momento con el que sueñas cuando parece interminable el camino de vuelta a casa en el frío atardecer de invierno.

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